lunes, 7 de febrero de 2011

"Ciencia" de bares: las amantes y Galileo

       Normalmente no me suelo considerar cotilla en cuanto a conversaciones ajenas, a pesar de que a veces surjan conclusiones interesantes de ese hábito (que se lo digan al manwatcher: Desmond Morris).

       Sin embargo, soy consciente de que a veces una palabra o una frase provoca mi atención sobre la mesa contigua. Anoche, estando entretenido y bien acompañado en un bar, me di cuenta de que una frase activó mi "chip cotilla"; la frase en cuestión fue "está científicamente demostrado..." y lo que vino después me dio ganas, por unos instantes, de acercarme y mandar callar al autor de semejante "joya". La frase continuaba diciendo "... que las mujeres no pueden amar". Tras un esbozo de explicación pasó a hablar, como por arte de magia, sobre el caso de Galileo Galilei y su conflicto con la Iglesia. Así que cogeré esas dos líneas...


       Aclararé antes una sola cuestión filosófica: estrictamente solo podríamos utilizar la palabra "demostrar" en matemáticas, puesto que se ciñen a las reglas del juego que hayamos fijado; pero podemos ser permisivos para no caer en la locura.

Punto 1: las amantes.

       Ya profundicé en la cuestión del amor en "Hacer el amor, deconstruyendo el amor", por lo que no añadiré demasiado, salvo por el detalle de esa disyuntiva en cuanto al género.

       La explicación según la cual "se deduce" que las mujeres no pueden amar es la siguiente aseveración técnica: la mujer elige al hombre con mayor potencial para aportar calidad a su progenie.

       Me ganaría el odio de muchas mujeres diciendo que tal afirmación es correcta; y seguramente muchas de ellas tratarían de "contraatacar" diciendo que los hombres somos infieles por naturaleza, lo cual "se deduciría" de esta otra aseveración técnica: el hombre busca muchas mujeres para asegurar su progenie.



       El problema de esta batalla de sexos es, como tantas veces, una mala interpretación. En mi antiguo post, que he enlazado más arriba, hablaba de la Teoría General de Sistemas (TGS)... recordemos: la vida está organizada a diferentes niveles y en cada uno de ellos surgen unas propiedades nuevas que no se pueden extraer de la suma de las propiedades de sus componentes (en mi ejemplo: el agua es líquida a pesar de estar formada por dos gases).

       La segunda herramienta para desliar el malentendido es lo que los biólogos llamamos fitness o eficacia biológica. La fitness mide la calidad de un individuo en términos de descendencia; hablando en plata: si un individuo tiene muchos hijos (cantidad) que llegan a adultos (calidad) se dice que es eficaz desde un punto de vista biológico; al fin y al cabo está perpetuando sus propios genes, que es de lo que se trata la reproducción. Y esa eficacia es otorgada por las características físicas y conductuales que tenga el sujeto (y que podrán ser heredadas).

       Cuando decimos que la mujer elige a un hombre que dé calidad a su progenie y que el hombre busca muchas mujeres para asegurar su progenie, estamos diciendo dos verdades científicas... pero verdades a nivel genético (no significa que nos marquemos esos propósicos). Como ya insistí en aquel post mencionado, el amor no se restringe ahí, sino que se pueden rastrear sus características también por los niveles superiores, hasta el social y cultural. Por lo tanto no podemos reducir una conclusión social a una explicación genética. Como muestra, un botón: si decimos que el amor es SOLO ese beneficio de expansión genética, ¿qué hay de las parejas que no quieren tener hijos? Si entendemos la TGS, podemos explicarlo: son rasgos explicables a otros niveles, como el psicológico, económico, etc.

       Y en definitiva: amar con un significado distinto no significa no amar... esta frase es más apropiada para un bar.

Punto 2: Galileo.

       Esta es una idea muy extendida: la Iglesia quemó a Galileo en la hoguera por decir que la Tierra gira alrededor del Sol.


       Se puede partir esa frase en tres bloques... empecemos por el final...

       En primer lugar, efectivamente, Galileo Galilei propuso el modelo astronómico copernicano, llamado Heliocentrismo. La novedad en su caso es que no era una hipótesis, sino que se basó en la observación (por eso se le considera el padre de la Inducción científica). El problema es que algunas de sus pruebas, como las mareas y las fases de Venus, si bien eran válidas, no eran definitivas. Por ejemplo, que las mareas se produzcan del modo en que se producen encaja con que la Tierra gire alrededor del Sol; sin embargo, el razonamiento inverso no funciona: que la Tierra gire alrededor del Sol no es condición para que se produzcan las mareas.

       En segundo lugar, la condena de Galileo no fue debida a la propuesta de este modelo, sino al enfrentamiento explícito contra la Biblia. Si bien es cierto que actualmente la Iglesia Católica acepta que la interpretación de las escrituras no sea literal, en el siglo XVII era pedir demasiado... más aún si Galileo se estaba mostrando un poquito arrogante. No digo, como dijo Ratzinger, que fuera un juicio justo, obviamente no lo fue; solo digo que debemos exponer los sucesos tal y como se dieron.

       Y por último... a ver cómo lo digo... ¡Nadie quemó a Galileo! Su condena consistió en un arresto domiciliario... esta frase es más apropiada para un bar.

2 comentarios:

Luis N dijo...

¿Los hombres son infieles por naturaleza? ¿En que se basa tal afirmación? ¿En los hechos, acaso? En los hechos hay tantas infidelidades de un lado como del otro. De lo contrario la ecuación no cerraría.
Me parece que es un lugar común falso como tantos otros.

BioSamu dijo...

Luis, gracias por el comentario. En realidad, si somos estrictamente reduccionistas, ambos sexos serían infieles por naturaleza. Estas afirmaciones son las que surgen de aplicar un juicio moral a una condición genética (sí basada en hechos).

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