martes, 20 de abril de 2010

¡Un volcán! ¿Qué bien?

       Una masa de magma empieza a atravesar la corteza de la Tierra, se acumula en una cámara magmática, sigue ascendiendo por la chimenea y... una explosión lleva al exterior grandes cantidades de materiales que arrasan todo lo que hay a su alrededor, rocas, bosques, poblados, especies vivientes enteras... y ahora también economías y tiempo de noticias.

       Durante la última semana hemos estado oyendo, una y otra vez, noticias sobre el volcán Eyjafjöll (aunque muy pocas veces hemos oído su nombre), ese traviesillo agujero islandés que a tanta gente tiene acantonada en los aeropuertos europeos. Todos los espacios de información están pendientes de toda esa gente que no puede volar, de todas esas necesidades de las que nos abastecen los aviones, de ese 1% de la fuerza laboral que no estará produciendo durante estos días, de todo ese dinero que perderán las aerolíneas, de la crisis.

       En este tiempo, los propios periodistas, no sé si por voluntad propia o por algún chivatazo técnico a voces, relativizan todo esto. De forma general los países afectados no ven peligro en su recuperación económica, las aerolíneas y el resto de empresas recuperarán su ritmo normal en cuanto se vaya esta nube (que poco a poco ya se está yendo), tampoco la economía nacional es tan dependiente de los aviones... y bueno, gente acampando y quejándose en las puertas de embarque, sea por esto o por huelgas de personal, siempre hay.

       Entonces, salvo por el furor de estos días, ¿para qué tanto más? Decir que en algunos países habrá un cambio que otro de relativa importancia legislativa puede ser el comentario fácil pero yo creo que los habrá. De todas formas, no quiero ir por ahí, porque los mismos periodistas aquí han hecho sus deberes (¡veis como cuando se nos da tiempo todos hacemos mejor las cosas!)... aunque todos igual (¡oooh...!). Resulta que países, como por ejemplo España, pueden verse beneficiados por esta catástrofe (es una catástrofe según las definiciones primera y quinta de la RAE).

       Esto es lo que en ciencia teórica se llama un "cisne negro", un evento puntual que cambia los esquemas que habíamos ideado... en este caso, esquemas económicos. ¿Pero qué hay de otros esquemas?

       Ahora estamos todos tan pendientes de los vuelos que parece que se nos ha olvidado la situación de Haití, los terroristas suicidas (curioso, también en aviones y ya no se habla), el pasado del Papa, la gripe A y, adonde me gustaría llegar, el cambio climático tan de moda un par de años atrás. He aquí un ejemplo más de sacar tajada de la actualidad todo lo que se pueda, no me extrañaría si de aquí a tres o cuatro semanas nos enterásemos de algún otro volcán en otro lugar de "ese pequeño punto azul pálido" (en homenaje a Carl Sagan). Pero insisto, ya que sería lo suyo, ¿por qué ante esta catástrofe natural no se habla también de cuestiones ambientales?

       Sería demasiado osado por mi parte decir que el motivo sea que esto venga bien, pero no estaría de más que alguien, aunque sea unos segundos, dijera en televisión que esto efectivamente puede venir bien. ¿Pero cómo es esto? ¿Una de las principales fuentes de gases invernadero puede venir bien frente al calentamiento del planeta? Pues eso parece. Aparte de que haya otras teorías acerca de la causa de este calentamiento, está lo que ha publicado en Nature un grupo de investigadores australianos, dirigidos por John Church. La cuestión es que las nubes de ceniza volcánica acaban haciendo de pantalla que impide el paso de una fracción de la radiación solar... y el efecto neto es de enfriamiento. Aunque algunos ecologistas se han mojado y han dicho que el efecto del volcán islandés no será suficiente, lo cierto es que habría que estudiarlo y, ¿por qué no?, estar pendientes de si hay más volcanes traviesos en la zona del Pacífico, después de los últimos episodios sísmicos en la costa americana. ¡Ah! Y se me olvidaba: un volcán bajo un glaciar en una isla es uno de esos eventos que acaban vertiendo más agua al mar, que no se nos olvide en un tiempo.

       No sé el efecto neto que acabará teniendo todo esto y, menos aún, estimar las cifras; no me dedico a investigar ese tema; y las premoniciones, que es lo que me quedaría, no se me dan bien (y a quien se le den bien, que me lo muestre, por favor). De hecho, no voy a apostar por ningún resultado, porque, queramos o no, lo acabaremos viendo; pero sí quiero dejar clara la postura siempre válida de incertidumbre previa y de alejamiento de afirmaciones categóricas y absolutas. Las ciencias, ya sean experimentales o sociales, deben partir de ahí; y el periodismo también debería hacerlo.


P.S.: Ya de paso, tengo que decir que me encantan estos "cisnes negros" que de vez en cuando ponen de manifiesto las fallas del sistema "establecido" y nos hacen ver que el ser humano no es tan poderoso como confiábamos.

2 comentarios:

Almu dijo...

A mi tb me gustan esos "cisnes negros", pequeñas (o grandes, según quién lo mire) catástrofes que hacen que la estructura de numerosos sistemas cambie y las relaciones que se dan entre los elementos que los constituyen.
Y tb me había preguntado si podía tener efects positivos, a lo cual respondes en tu entrada. Otro beneficio más es que alivia (más suavemente) la tensión acumulada en la tierra y reduce posibles erupciones mayores en volcanes adyacentes.... el otro día leí que hay otro volcán cerquita, aún más grande que tiene pinta de erupcionar prontito....
Siento la falta de rigor científico en mis palabras, pero es lo que hay ;)

Shemo Cannadas-Santiago dijo...

¡Otro punto! La investigadora Vilma Sanhueza estudió el año pasado el alto contenido en zeolitas de las cenizas arrojadas por el volcán Chaitén, en Chile.

Las zeolitas son minerales presentes en las rocas magmáticas básicas, como el basalto, que se pueden usar como intercambiadores iónicos en las Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales.

Y el volcán islandés Eyjafjöll es, efectivamente, basáltico.

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