domingo, 13 de febrero de 2011

DC^2

       Este es el momento de filosofar sobre lo que hago en este blog. Aunque me encanta disfrutar del enorme terreno de la realidad multivariable, como animal pensante, no puedo evitar buscar patrones generales y reflexionar sobre ellos... y ahora le ha tocado a una de mis grandes pasiones profesionales: la divulgación científica (DC).

       He conocido a periodistas científicos que se dedican a teorizar sobre los gajes de su oficio ("la tiranía de la fuente", "el comunicador insaciable", "el divulgador vulgarizador"...), se les podría llamar "filósofos del periodismo científico" de no ser por la superficialidad habitual de esta práctica. La cuestión es que aún no he leído a nadie clasificar la propia actividad de la divulgación científica; puede que lo hayan hecho, pero por si acaso, voy a dar mi propia clasificación.


       Si bien los profesionales de esta actividad la asocian a la comunicación corporativa, en realidad deriva de la educación, así que le daré una visión volviendo a sus raíces.
  • Partiendo de eso, puedo llamar DC directa al acercamiento al público, de un modo entretenido, de los principios de la ciencia y las leyes naturales. Eso es lo que vemos en los museos interactivos (como el Parque de las Ciencias de Granada, en el que trabajé un tiempo) y en muchos documentales (Carl Sagan, David Attenborough y Jacques Cousteau son tres referentes): el único objetivo es dar a conocer y ampliar lo que a la gente ya le suena de algo, o acabar con mitos. Algunos grandes de esta rama utilizan la novela como formato: Isaac Asimov y Julian Huxley son buenos ejemplos.

  • Y muchos se acaban preguntando "¿y para qué me sirve?" Aquí es donde entraría en juego una segunda etapa, la que llamo DC dirigida. En este caso, el objetivo es concienciar al público de la importancia de la investigación en nuestras vidas y en la sociedad. Esta tendencia es la más amplia actualmente y la vemos en las jornadas científicas, conferencias, revistas (Popular Science, en la que también hice pinitos, es la más antigua en este campo) y, cómo no, también en su vertiente mercantilista.

  • Derivada de la anterior es la DC cotidiana, aquella que no puedo dejar de hacer continuamente en clase. Consiste en extraer y explicar una ley natural de cada pequeña cosa del día a día. En este apartado, tengo que mencionar a quien considero un maestro, Vicente López (la entrevista que le hice hace unos años está en la pestaña "Otras creaciones" y aquí), experto en física lúdica, capaz de sacar una clase de química del aliño para la ensalada.

  • Relacionada, hay una rama muy novedosa y atractiva que yo llamo DC friki, que no extrae ciencia de lo cotidiano, sino que va más allá y utiliza como excusa una película, una canción o un cómic para sacar la ciencia encerrada. Cómo no, está muy extendida en la blogosfera (en Mala Ciencia, Profesor Épsilon y Física de Película, por ejemplo, se dedican específicamente a eso... y yo no he podido evitar la tentación en alguna ocasión aquí mismo), aunque ya fue abordada hace unos treinta años por el propio Stephen Jay Gould, en su estudio morfológico de Mickey Mouse.

  • Y por último, lo que yo estoy haciendo ahora mismo (y ya habría tocado todos los palos), sumándome a ese grupo de teóricos del periodismo científico (como mi antiguo profesor Santiago Graiño) de los que hablaba al principio del post: divulgar sobre la propia divulgación; puedo llamarlo DC^2 (Divulgación científica al cuadrado)... aunque prefiero no abusar de ella.
       Como decía al inicio, esto es un patrón general, porque la realidad está llena de subtipos, excepciones, combinaciones, términos medios...

1 comentario:

mc.caadas dijo...

Pagaría por textos así!! Una pena que no trabaje yo en tu discplina porque te ficharía para un proyecto pero ya!!!! Tus pupilos no saben lo que tienen contigo...

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